yo no sabía que existía.
Con el paso de los meses, Chloe decidió conservar la casa.
No como un santuario para Julian.
Como un hogar.
Nora y ella se mudaron allí antes de Navidad.
Yo vivía a veinte minutos, aunque Nora decía que parecía vivir con ellas porque aparecía casi todos los domingos con demasiada comida.
Seguimos las recomendaciones médicas del doctor Álvarez y guardamos cuidadosamente toda la información familiar para que Nora pudiera conocerla cuando tuviera edad suficiente.
Y poco a poco hicimos exactamente lo que Julian había pedido.