Desperté en un mundo salvaje: de programador a líder de la tribu Lunara

que se alzaban hacia el cielo tenían troncos del grosor de rascacielos y hojas de un violeta oscuro que filtraban una luz espectral. Antes de que pudiera comprender lo que sucedía, el chasquido de ramas secas me puso en guardia. Intenté moverme, pero mis brazos estaban fuertemente atados con correas de cuero crudo contra una estaca de piedra ceremonial.Frente a mí, rodeándome en semicírculo, emergieron seis cazadoras.

Sus cuerpos estaban marcados por cicatrices de combate y pieles curtidas ajustadas con huesos pulidos; sobre sus cabezas, orejas afiladas de felino