Marta se quedó quieta.
—¿Qué 87 días?
—Las cámaras de la casa llevan 87 días desconectadas.
La respuesta llegó demasiado rápido.
—Se descompusieron.
Álvaro negó con la cabeza.
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—Las dos al mismo tiempo.
Nadie habló durante un instante.
Entonces Iván dejó la copa.
—Marta, deberías decirle la verdad.
Ella volteó hacia él.
—Cállate.
Fue la primera vez que Álvaro escuchó a su hermana perder el control.
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No había sido una discusión entre ellos.
Había sido una orden dirigida a Iván.
Y eso cambió algo.
Hasta ese momento, Álvaro