algo diferente.
Algo en sus ojos.
No era exactamente mi esposo.
Era como mirar a alguien que había vivido la misma vida que él… pero que había terminado en un lugar completamente distinto.
Entré.
La puerta se cerró detrás de nosotros.
El interior era oscuro y olía a humedad, madera vieja y café recién hecho.
Había un pasillo largo con varias puertas.
Nada parecía tener sentido.
—¿Dónde estamos?
No respondió.
Caminó hasta una pequeña habitación al fondo y encendió una lámpara.
Entonces lo vi.
Una mesa.
Dos sillas.
Y sobre