la mesa había varias fotografías.
Me acerqué lentamente.
La primera fotografía me hizo perder el aire.
Era mi marido.
Mucho más joven.
Tenía unos veinte años.
Estaba parado junto a un hombre idéntico a él.
Los dos sonreían frente a una casa que no reconocía.
Mis manos comenzaron a temblar.
—¿Quién es él?
El hombre que estaba frente a mí permaneció en silencio.
—¿Quién es ese hombre?
—Mi hermano.
Sentí que las piernas me fallaban.
—¿Tu… hermano?
Asintió.
—Su nombre era Daniel.
Miré nuevamente la fotografía.
No.
Eso era imposible.