sala lo llamaban “el poderoso señor Lancaster”.
Pero muy pocos recordaban que la empresa Lancaster había sobrevivido gracias a mi capital, mis contactos y mis acciones mayoritarias.
Mi teléfono vibró.
Mensaje de Adrian:
“Amor, acabo de llegar al hotel. Estoy agotado. Ojalá estuvieras aquí conmigo. Te extraño.”
Levanté la vista.
En el palco ocho, Adrian acababa de dejar el teléfono y estaba besando la mano de Mia.
Sentí un asco tan intenso que casi me reí.
Abrí mi correo.
Mi asistente personal me había enviado un archivo completo.
Fotos.
Registros.