conmigo porqu
después de la subasta yo debía asistir a una cena benéfica, abrió la boca y la cerró de inmediato. Mi guardaespaldas miró hacia el palco ocho como si necesitara permiso para ir a romper algo.
Levanté una mano.
—Nadie se mueve.
Mi teléfono volvió a vibrar.
Adrian:
“Amor, ¿sigues despierta? La negociación de mañana será pesada. Si puedes, deséame suerte.”
Miré el mensaje.
Luego miré hacia abajo.
Adrian estaba escribiéndome con una mano y sosteniendo la cintura de Mia con la otra.
La facilidad de la mentira me