Iba a transferirle ocho millones a mi esposo para cerrar un contrato… hasta que lo vi comprándole un collar a su amante

que le

 

pedía dinero para contratos internacionales?

El asistente tragó saliva.

Adrian lo fulminó.

—Fuera.

El asistente casi corrió.

Mi equipo permaneció.

Adrian miró a Claire y al guardaespaldas.

—Dije fuera.

—Ellos se quedan —dije.

—Victoria.

—Adrian.

Nos miramos.

Fue un duelo pequeño y brutal.

Él entendió que no iba a conseguir la conversación privada donde pudiera tocarme el hombro, bajar la voz, decir “amor” y convertirme otra vez en una crisis doméstica manejable.

Ya no.

El sistema anunció:

—Quedan diez segundos.

Adrian se tensó.

—Retírala.

—No.

—Victoria, si