VOLVÍ A MI CASA A LAS TRES DE LA MAÑANA Y ENCONTRÉ

nombre y apellido.
Ya no pude sonreír.
Pero lo que realmente inquietó a don Julián fue otra cosa.
—Yolanda, ¿dijo cómo sabía dónde vivía?
La mujer tardó un momento.
—Sí.
Miró hacia mi puerta recién reparada.
—Dijo que tú misma le habías dado la dirección esa noche.
Me quedé helada.
Yo no le había dado mi dirección a nadie.

Parte 2:
Lo primero que hice fue revisar mi teléfono. No había enviado mi dirección esa noche. Tampoco tenía mensajes de números desconocidos. Don Julián me preguntó si

había pedido comida,