varias veces.
No le dimos importancia.
A la mañana siguiente llegó un cerrajero.
Mientras trabajaba, preparé una charola con enchiladas para llevársela a la familia de don Julián.
Fue entonces cuando su esposa, Verónica, salió.
—Qué bueno que ya arreglaste eso.
—Después del susto, no vuelvo a dejarlo pasar.
Nos reímos.
Don Julián estaba lavando su camioneta.
De repente dejó la manguera.
—Oye.
Se acercó a mi puerta.
—¿Eso estaba ahí anoche?
Señaló el piso.
Había una colilla de cigarro aplastada junto a una maceta.
—No sé.
—Yo no fumo.
VOLVÍ A MI CASA A LAS TRES DE LA MAÑANA Y ENCONTRÉ