El cerrajero tampoco le dio importancia.
—Pudo dejarla cualquiera.
Seguramente tenía razón.
Hasta que Verónica encontró otra.
Estaba junto al árbol desde donde se veía directamente mi entrada.de entrar, sin embargo, don Julián me preguntó algo extraño.
—¿Esperabas a alguien?
—No.
—¿Segura?
—Sí. ¿Por qué?
Miró hacia la esquina.
—Nada.Pensé que había visto el mismo coche pasar varias veces.
No le dimos importancia.
A la mañana siguiente llegó un cerrajero.
Mientras trabajaba, preparé una charola con enchiladas para llevársela a la familia de don Julián.
Fue entonces cuando
VOLVÍ A MI CASA A LAS TRES DE LA MAÑANA Y ENCONTRÉ