PARTE 2 / Durante el desayuno, mi esposo me arrojó café hirviendo al rostro porque me negué a darle mi tarjeta bancaria a su hermana. Me dijo: “O obedeces o te vas”. Fui al hospital, guardé el informe médico y, al regresar, dejé mi anillo de bodas sobre la mesa… sin imaginar lo que él encontraría después…

su vida con su sonrisa encantadora de agente de seguros, sus trajes impecables y una habilidad casi sobrenatural para caerle bien a todo el mundo.

Para los vecinos era un hombre atento.

Para su madre era el hijo perfecto.

Y para su hermana, Rebeca Salazar, era una fuente de dinero… aunque casi nunca fuera suyo, sino de la esposa a la que siempre podían exprimir.

Rebeca jamás pedía algo pequeño.

Primero fue un perfume importado.

Luego una chamarra de diseñador.

Después pidió prestados doscientos cincuenta mil pesos “solo por una