El perro que me devolvió a mi hijo (aunque ya no estuviera)

Era un perro negro con una chapa en el cuello. Y al lado, un niño en una silla de ruedas.
En la esquina, con letra temblorosa, Lucía había escrito: “Gracias por prestarme a tu amigo. Mateo”.
Se me cortó la respiración.
—¿Cómo sabe ella el nombre de Mateo? —pregunté con la voz rota.
Javier sonrió, una sonrisa triste pero llena de paz.
—Lucía estaba en la habitación de al lado de Mateo el último día. Escuchó a los médicos hablar contigo. Escuchó cómo le decías “perro mío” a Bruno.
Me