entrado
con escolta emocional, traje caro y sonrisa de dueño salió escoltado por su propia vergüenza.
Mateo soltó el celular sobre la mesa.
Como si dejara caer una piedra que le había aplastado el pecho durante meses.
Marisol se arrodilló frente a él.
—Perdóname, mi amor. Perdóname por no verlo.
Mateo se le lanzó al cuello.
—Yo tenía miedo de que te hiciera más daño.
Sofía abrazó a los 2.
Y los 3 lloraron ahí, en medio del juzgado, sin cuidar apariencias.
Afuera no los esperaba una camioneta de lujo.