principio.
Mi hija comenzó a llorar.
Me contó que durante meses había intentado evitar discusiones con Patricia.
Su madre se había vuelto irritable, revisaba constantemente el teléfono y recibía llamadas que contestaba encerrándose en el baño.
A veces le pedía dinero.
Otras veces le preguntaba cuánto podría conseguir si vendiera algunas cosas.
Daniela pensaba que su madre atravesaba una mala temporada.
Hasta que comenzó a exigirle el coche.
—Me dijo que yo era una egoísta —confesó—. Que tú trabajabas demasiado para mantenerme y que yo no tenía derecho a negarle