Rosa un nuevo puesto administrando la residencia.
No quería que aquella casa volviera a ser un lugar lleno únicamente de empleados caminando en silencio.
Quería vida.
Familias.
Conversaciones.
Puertas abiertas.
Esa tarde, Alejandro y Emiliano salieron solos a la terraza.
El muchacho contempló el enorme jardín.
—Esta casa es demasiado grande.
Alejandro soltó una pequeña risa.
—Siempre lo ha sido.
Después se quedó serio.
—Emiliano… hay algo que necesito decirte.
El joven lo miró.
—Dejé de buscar.
Alejandro tuvo que apartar la vista.
—Después de tantos años me convencí de