La hija de la empleada miró el retrato del hijo desaparecido y reveló un secreto imposible tras diez años

Por eso algunos niños le decían “Mateo el mudo”. Se sentaba junto a una ventana y dibujaba.

—¿Qué dibujaba?

—Casas grandes. El mar. Y un perro café.

Alejandro tuvo que apoyarse en un sillón.

—¿Un perro?

—Sí. Decía que se llamaba Bruno.

Rosa dejó escapar un pequeño gemido.

Alejandro sintió que las piernas le fallaban.

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—Alejandro, me enteré de que cancelaste tus reuniones. ¿Estás bien?

Alejandro comprendió que estaba comprobando qué ocurría.

Fingió estar destruido.

—Solo ha sido un día difícil.

—Voy a verte.

—No