vivir ahí.
La primera vez que regresé después del arresto fui acompañada por Lucía y dos agentes.
Todavía había dos copas sobre la mesa.
Una botella vacía de champaña.
Y semillas de botana en un plato.
Todo seguía casi exactamente como aquella noche.
Fui hasta la ventana lateral.
Desde afuera, allí había escuchado mi propia muerte celebrándose.
Me quedé mirando el vidrio.
Lucía se acercó.
—¿Quieres quedarte con la casa?
Negué.
—No.
—¿Segura?
—Completamente.
La vendimos.
El dinero fue a una fundación que apoyaba a mujeres que necesitaban representación legal