Cuando suspendimos la línea de crédito, su director financiero me pidió una reunión.
Se llamaba Ernesto.
Entró a la sala con una memoria USB en la mano.
—Señora Montemayor, yo no sabía que usted estaba detrás de los fondos.
—Casi nadie lo sabía.
—Entonces hay algo que debe ver.
Durante meses, Mauricio había movido dinero de la empresa hacia tres sociedades ficticias.
Una de ellas era de Daniela.
Otra pertenecía a su hermano.
La tercera estaba registrada a nombre de un prestanombres.
Más de treinta millones de pesos habían desaparecido.