Sobreviví al sabotaje de mi esposo y lo escuché brindar por mi muerte— heyily

pasara algo?”

Yo había interpretado esas preguntas como curiosidad.

Ahora parecían interrogatorios.

Lucía cerró la computadora.

—Tenemos suficiente.

A las siete y media fuimos a presentar la denuncia.

Entregué la grabación original.

Mis teléfonos.

La evidencia del accidente.

La ubicación exacta de la camioneta.

La conversación sobre los frenos.

También expliqué lo de los documentos falsificados.

La fiscal que tomó mi declaración se llamaba Mariana Ortega.

Escuchó todo sin interrumpirme.

Cuando terminé, dijo:

—Señora Montemayor, necesito que comprenda algo. A partir de este momento, no vuelva a esa casa sola.

—