Sobreviví al sabotaje de mi esposo y lo escuché brindar por mi muerte— heyily

parte de sus deudas.

Los trabajadores recibieron prioridad en los acuerdos que nuestro equipo negoció.

No quería que cien familias pagaran por el crimen de un hombre.

La casa en Álvaro Obregón también fue vendida.

No podía volver a vivir ahí.

La primera vez que regresé después del arresto fui acompañada por Lucía y dos agentes.

Todavía había dos copas sobre la mesa.

Una botella vacía de champaña.

Y semillas de botana en un plato.

Todo seguía casi exactamente como aquella noche.

Fui hasta la ventana lateral.

Desde afuera, allí