
Los meses pasaron. El vientre de Grace crecía y, con él, su desapego sereno y casi etéreo de la realidad. Pasaba sus días cuidando al pequeño Miguel y al bebé, tarareando canciones de cuna, completamente imperturba por la imposibilidad de su condición.
Cuando el parto de Grace comenzó en una tormentosa noche de noviembre, la madre Elena y el doctor Paloma la llevaron apresuradamente a la enfermería. El nacimiento fue rápido, pero en el momento en que el bebé nació y fue limpiado, el doctor Paloma jadeó, dejando caer sus