2:27 de la madrugada cuando escuché la voz de mi madre.
Yo cruzaba el estacionamiento de un hospital militar en la Ciudad de México, con un vaso de café en una mano y las llaves del auto en la otra. Acababa de terminar una guardia de veinticuatro horas.
El cielo seguía oscuro y el cansancio me pesaba en todo el cuerpo.
Pero mi madre jamás me llamaba a esa hora.
—¿Dónde estás, mamá?
Hubo un silencio.
Después escuché su respiración temblorosa.
—En