A LAS 2:27 DE LA MADRUGADA, MI MADRE DE 71 AÑOS ME LLAMÓ DESDE UNA COMISARÍA Y SUSURRÓ: “TU ESPOSO ME GOLPEÓ CON UN BAT”… GUARDÉ SUS LENTES ROTOS SIN IMAGINAR QUE ERAN LA PRIMERA PISTA DE UN SECRETO DE MILLONES DE PESOS

una agencia del Ministerio Público, en Coyoacán. Alejandro les dijo que yo lo ataqué.

 

Sentí que las piernas me fallaban.

 

Mi madre, Elena Morales, tenía setenta y un años. Vivía sola desde que mi padre había fallecido. Todavía cuidaba su pequeño jardín, pagaba sus propias cuentas y se negaba a depender de nadie.

 

Y Alejandro Salazar, mi esposo desde hacía quince años, era aparentemente todo lo contrario a un hombre capaz de hacer algo así.

 

Era el vecino amable que ayudaba a cargar las bolsas del