nadie piense por ella.
Alejandro se enfureció.
La llamó “vieja loca”.
Salió por la puerta de la cocina.
Y regresó con un bat de aluminio en la mano.
Mi madre comenzó a llorar al contármelo.
—Me golpeó en el hombro… y después en las costillas. Cuando caí al suelo, llamó al 911 y dijo que yo había perdido la cabeza y lo había atacado.
Apreté las llaves del auto con tanta fuerza que se clavaron en mi palma.
—No firmes nada. Pide