atención médica inmediatamente. Voy para allá.
—Perdóname, hija. Nunca quise destruir tu matrimonio.
Cerré los ojos.
—Tú no destruiste nada, mamá.
Treinta y cinco minutos después entré por las puertas de cristal de la agencia del Ministerio Público.
Varias personas voltearon al verme todavía con el uniforme puesto.
El comandante Hernández se levantó de inmediato.
—Teniente coronel Valeria Morales, necesito hablar con usted.
—Primero voy a ver a mi madre.
La encontré en una pequeña sala de entrevistas.
Estaba sentada