usado contactos militares para favorecer contratos privados.
Me reí.
Pero no por diversión.
Fue una risa seca.
Incrédula.
—Nunca he participado en un contrato privado.
—Lo sé.
Entonces entendí.
Alejandro no necesitaba que una mentira fuera cierta.
Solo necesitaba que fuera complicada.
Escandalosa.
Difícil de explicar.
Esa misma mañana llamé a la coronel Mendoza, mi superior directa.
Le conté todo.
No oculté nada.
—Voy a informar formalmente la situación —le dije—. Mi esposo podría intentar utilizar mi rango o mi nombre.
La coronel permaneció en silencio.
Después respondió:
—Gracias por