escuchado a Alejandro hablar por teléfono de madrugada.
Siempre usaba el despacho.
Siempre cerraba la puerta.
Pero una noche Sofía había bajado por agua y lo escuchó decir:
“Mientras Roberto estuviera vivo, jamás podíamos tocar las propiedades.”
Después dijo:
“Ahora solo falta encontrar la cesión original.”
Sentí un escalofrío.
—Sofía, ¿recuerdas algún nombre?
—Montalvo.
Tuve que agarrarme del borde de la mesa.
Inversiones Montalvo.
El mismo nombre que mi madre acababa de mencionar.
Llamé inmediatamente a una abogada civil que había trabajado con mi padre durante años.
Se llamaba licenciada