guardaba en su despacho.
Entonces sonó mi celular.
Era mi hija Sofía.
Tenía catorce años.
Estaba pasando la noche en casa de una compañera después de una fiesta escolar.
—Mamá, ¿todo está bien?
Cerré los ojos.
No quería involucrarla.
Pero tampoco quería mentirle.
—Tu abuela está en el hospital. Tu papá tuvo un problema con ella.
Silencio.
Después Sofía dijo algo que hizo que se me congelara la sangre.
—¿Por los papeles del abuelo?
Me senté.
—¿Qué papeles?
—Papá lleva meses buscándolos.
Mi hija me contó que varias veces había