lo vi fue a través del cristal de una sala judicial.
Alejandro parecía más pequeño.
Sin sus trajes.
Sin su sonrisa.
Sin la seguridad de que podía controlar cualquier habitación.
Cuando nuestras miradas se cruzaron, movió los labios.
“Perdóname.”
No respondí.
Mi madre estaba sentada detrás de mí.
Llevaba unos lentes nuevos.
Cuando salimos del tribunal, me tomó del brazo.
—Tu padre estaría orgulloso.
Miré hacia el cielo.
—Creo que él sabía que tarde o temprano encontraría el camino.
Meses después, una parte importante de los bienes desviados fue asegurada