y médicos quedaran separados de la pensión ordinaria. Verónica añadió que ninguna propiedad de los niños podría venderse o hipotecarse sin autorización judicial. Mauricio, por primera vez, no discutió para ganar. Sólo precisó términos para que fueran ejecutables.
Diego seguía en la puerta.
—¿Sabes jugar ajedrez? —preguntó de pronto.
Mauricio pareció desconcertado.
—Un poco.
—“Un poco” casi siempre significa mal —dijo Diego—. Puedo enseñarte, pero no voy a dejarte ganar.
—No te lo pediría.
—El sábado —decidió el muchacho—. Si llegas.
No era perdón. Ni siquiera era confianza. Era una