botas de Sofía. Preguntar por el torneo de Diego. Comprar comida para el camino”.
No era una lista para sobrevivir. Era una lista para el futuro.
Afuera, la lluvia de marzo caía sobre Guadalajara. Verónica preparó café, abrió un libro y escuchó a sus hijos discutir en el cuarto sobre quién debía alimentar al gato que todavía no tenían.
Sonrió.
Porque a veces perderlo todo no es el final. A veces es la única forma de descubrir qué personas realmente deciden quedarse.