Mauricio sin color, casi fuera de la hoja. Ahora seguía separado, porque las consecuencias no desaparecían, pero ya no estaba borrado.
Verónica no recuperó el matrimonio. Tampoco recuperó los meses de miedo, las noches sin dormir ni la confianza que había entregado durante catorce años. Recuperó algo distinto: su casa, la seguridad de sus hijos, el apoyo de una familia que eligió la justicia por encima de la sangre y la certeza de que mantenerse firme no significaba volverse cruel.
Abrió una libreta nueva y escribió: “Casa de Tapalpa: llevar