Bruno, tumbado a sus pies, con el pañuelo naranja atado al collar.
Mateo subió al escenario.
Ya no era el niño que apretaba el micrófono como si fuera a caer por un precipicio.
Seguía teniendo miedo.
Claro que lo tenía.
Pero ahora sabía algo que antes no sabía.
El miedo no desaparece siempre antes de hacer algo valiente.
A veces camina contigo.
Y, si tienes suerte, cojea a tu lado con hocico gris y ojos fieles.
Mateo desplegó su hoja.
Miró al público.
Vio a Sergio en la tercera fila,