El Niño Que Leyó Solo Hasta Que Su Manada Abrió Las Puertas

levantando discretamente una mano al corazón.

Vio a su profesora sonriendo.

Vio a Lucía llorando antes de que él dijera una sola palabra.

Y vio a Alejandro.

Su padre.

Esta vez Mateo no dudó con esa palabra.

Su padre.

Respiró hondo.

—Este texto lo escribí yo —dijo al micrófono.

Hubo un murmullo de sorpresa.

Mateo bajó la mirada a la hoja.

—Se titula: “Cuando vinieron por mí”.

Bruno levantó la cabeza al oír su voz.

Mateo empezó a leer.

No fue perfecto.

Tropezó con una palabra larga.

Repitió una frase.