El Niño Que Leyó Solo Hasta Que Su Manada Abrió Las Puertas

que meses atrás le había parecido enorme, fría y vacía.

Ahora seguía siendo grande.

Pero ya no daba miedo.

Porque en la primera fila estaba su familia.

En el suelo estaba Bruno.

Y dentro de su pecho, por primera vez, había una certeza sencilla.

No tenía que ganarse su sitio.

No tenía que leer perfecto.

No tenía que ser el niño más fuerte.

Solo tenía que ser Mateo.

Al bajar del escenario, Bruno intentó levantarse demasiado deprisa y casi perdió el equilibrio. Mateo corrió hacia él y lo abrazó por