todavía puesto.
Su rostro estaba completamente pálido.
Me sujetó con tanta fuerza del brazo que dejó marcadas sus pequeñas uñas.
—No preguntes.
Vámonos.
Papá dijo que cuando se fuera nadie iba a salir vivo.
Sentí un escalofrío.
Pensé que había entendido mal alguna conversación.
Intenté tranquilizarla.
Pero ella comenzó a empujarme desesperadamente hacia la puerta.
Decidí hacerle caso.
Apenas cruzábamos el jardín cuando escuché un ruido metálico proveniente de la cocina.
Después llegó la explosión.
Las ventanas estallaron en miles de pedazos.
El calor nos lanzó varios metros sobre el
¡MI ESPOSO ME BESÓ ANTES DE SALIR DE CASA COMO CADA MAÑANA