césped.
Durante algunos segundos no escuché absolutamente nada.
Solo veía humo.
Llamas.
Y los restos de la casa donde había construido toda mi vida.
Abracé inmediatamente a mi hija.
Ella temblaba.
Pero seguía viva.
Los vecinos comenzaron a salir.
Bomberos.
Patrullas.
Ambulancias.
Todo ocurrió en cuestión de minutos.
Mientras los paramédicos limpiaban una herida en mi brazo, Lucía no dejaba de repetir una misma frase.
—Te escuché.
Sí te escuché.
Le pregunté qué quería decir.
Bajó la cabeza.
—Papá se enoja si cuento.
El capitán encargado del peritaje aseguró inicialmente
¡MI ESPOSO ME BESÓ ANTES DE SALIR DE CASA COMO CADA MAÑANA