¡MI ESPOSO ME BESÓ ANTES DE SALIR DE CASA COMO CADA MAÑANA

si le tuviera miedo.
Aquella reacción me persiguió toda la noche.
Nos instalamos temporalmente en casa de mi hermana menor, Gabriela.
Ella insistió en recibirnos mientras reparábamos nuestra vida.
Ricardo pasó horas hablando con el seguro.
Calculando muebles.
Electrodomésticos.
Obras de arte.
Parecía recordar con exactitud el valor de cada objeto destruido.
Pero jamás preguntó por las pesadillas que despertaban a nuestra hija cada madrugada.
Tres días después, cuando él salió supuestamente a reunirse con los investigadores, Lucía decidió hablar.
—El sábado me escondí debajo de las escaleras porque estaba