La Mentira Más Bonita del Hombre Tatuado que Salvó a una Anciana

me quitaste la verdad —le dijo ella—. Me devolviste las ganas de levantarme por la mañana.

Rafa empezó a llorar otra vez.

Doña Carmen también.

Bruno, que debía estar cansado

de tanto drama humano, empujó la puerta con el hocico y se metió entre los dos.

Según Carmen, fue él quien arregló la conversación.

Porque se sentó encima del pie de Rafa y no se movió hasta que le pusieron la correa.

Ese día caminaron menos.

Solo dieron la vuelta a la manzana.

Pero volvieron los tres.

Rafa llevó el