que no había enviado a Rafa, pero que de algún modo lo había traído.
Porque hay amores que siguen moviendo cosas mucho después de irse.
No como fantasmas.
No como magia.
Sino en las costumbres que dejan.
En el perro que cuidaron.
En la madre que amaron.
En la bondad que otros reconocen y deciden continuar.
Hoy ha pasado más
de un año desde aquella tarde del pienso.
Rafa sigue entrando al súper.
Doña Carmen sigue llamándome “hija”.
Bruno sigue caminando despacio, con sus patas viejas y su orgullo intacto.