el corazón se aceleraba.
—¿Cuándo?
—Hace seis meses.
—Quiero verla.
Ortega negó.
—Primero debemos preservar y verificar el archivo.
Esperé.
Fueron las dos horas más largas de mi vida.
Finalmente, en una sala segura de la fiscalía, reprodujeron una copia forense.
La pantalla se iluminó.
Y apareció mi hermano.
Más viejo.
Cabello completamente gris.
Pero era Victor.
Miró directamente a la cámara.
—Caleb, si alguna vez ves esto, significa que las cosas han salido peor de lo que esperaba.
Tuve que apretar los puños para no temblar.
—No merezco que