lado.
Cerré los ojos.
—Eso es imposible.
—Yo también lo pensé.
—Victor nunca tuvo acceso a nuestros archivos.
—No necesitaba tenerlo.
Mason hizo una pausa.
—Te tenía a ti.
Aquella
frase dolió.
Recordé cenas familiares. Conversaciones aparentemente inocentes. Preguntas sobre cuándo volvería a casa. Lugares a los que viajaría.
¿Había dicho demasiado sin darme cuenta?
—Después Victor murió —continuó Mason—. Bell dejó de investigar.
—¿Por qué?
—Porque alguien amenazó a su familia.
Miré la carta.
Todo empezaba a encajar.
Bell había pasado casi dos décadas esperando.
Y cuando reconoció el