habían contado.
—¿Victor se acercó después de los disparos?
—No sé cómo se llama.
—¿Qué hizo?
—Se arrodilló junto a mí.
Ethan cerró los ojos.
—Me dijo que la ambulancia
venía.
—¿Algo más?
Mi hijo permaneció en silencio.
—Ethan.
Abrió los ojos.
—Me llamó por mi nombre.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué dijo exactamente?
—“Aguanta, Ethan.”
—¿Y después?
—Me dio algo.
Busqué entre las pertenencias que el hospital había guardado.
—¿Qué?
—Una moneda.
Encontramos la bolsa.
Cartera.
Llaves.
Sudadera.
Pero ninguna moneda.
—¿Dónde la pusiste?
—En mi zapatilla.
Las zapatillas estaban