en otra bolsa.
Metí la mano en la derecha.
Nada.
Después en la izquierda.
Mis dedos tocaron metal.
Saqué una vieja moneda de plata.
Pero no era una moneda normal.
Tenía una pequeña ranura.
Ortega la examinó.
—Esto se abre.
Dentro había una diminuta tarjeta de memoria.
Horas después, los especialistas consiguieron acceder a una copia segura.
Contenía un único archivo de texto.
Una dirección.
Un código.
Y una frase:
“Caleb, ven solo cuando Ethan esté fuera de peligro.”
Debajo aparecía una firma.
Victor.
La dirección correspondía a una pequeña