pequeño milagro, Ortega apareció en la puerta.
Llevaba una carpeta.
Y por su expresión supe que algo había cambiado.
—Caleb.
—¿Qué ocurre?
Miró primero a Ethan y después a mí.
—Richard ha pedido declarar.
—¿Y?
Ortega abrió la carpeta.
—Está dispuesto a entregar nombres, cuentas y documentos a cambio de que los fiscales consideren su cooperación conforme a la ley.
—Entonces que hable.
—Ya ha empezado.
Ortega sacó una fotografía.
—Y acaba de decirnos algo sobre la noche en que disparó a Ethan.
—¿Qué?
—Afirma que no estaba allí por