casualidad.
Sentí que el estómago se me cerraba.
—Ya sabemos que iba a reunirse con Bell.
—No me refiero a eso.
Ortega me sostuvo la mirada.
—Richard afirma que alguien le avisó con antelación de que Ethan estaría trabajando aquella noche.
Miré a mi hijo.
—¿Quién?
Ortega colocó la fotografía sobre la mesa.
No era Eleanor.
No era Victor.
No era Bell.
Era una persona que hasta ese momento apenas había aparecido en nuestra investigación.
El entrenador de baloncesto de Ethan.
Y junto a la fotografía había una transferencia bancaria