desapareció.
Negué.
—Cambió.
—Es lo mismo.
—No.
Me acerqué.
—Lo que te hicieron fue terrible. No voy a fingir que no te quitaron cosas. Pero todavía no sabes qué parte de tu futuro sigue ahí esperando.
Ethan se secó los ojos.
—Marcus dice que quizá nunca vuelva a jugar como antes.
—Puede que tenga razón.
Aquello le dolió.
A mí también.
Pero no quería construir su recuperación sobre promesas falsas.
—Entonces ¿para qué hago todo esto?
Señalé las muletas.
—Para ti. No para el baloncesto.
Ethan permaneció en silencio.
Al