El sheriff disparó a mi hijo y se rio… pero no sabía quién era realmente su padre

desapareció.

Negué.

—Cambió.

—Es lo mismo.

—No.

Me acerqué.

—Lo que te hicieron fue terrible. No voy a fingir que no te quitaron cosas. Pero todavía no sabes qué parte de tu futuro sigue ahí esperando.

Ethan se secó los ojos.

—Marcus dice que quizá nunca vuelva a jugar como antes.

—Puede que tenga razón.

Aquello le dolió.

A mí también.

Pero no quería construir su recuperación sobre promesas falsas.

—Entonces ¿para qué hago todo esto?

Señalé las muletas.

—Para ti. No para el baloncesto.

Ethan permaneció en silencio.

Al