El sheriff disparó a mi hijo y se rio… pero no sabía quién era realmente su padre

Ortega.

—Es la testigo.

—Sí.

—Entonces hablen con ella.

Ortega no respondió.

Su silencio me hizo comprender que algo iba mal.

—¿Dónde está?

El investigador cerró lentamente la carpeta.

—Eso es precisamente lo que nos preocupa.

Sentí un frío recorrerme la espalda.

—¿Qué quiere decir?

Ortega me sostuvo la mirada.

—Elena llamó a nuestra oficina cuarenta minutos después del tiroteo. Dijo que había visto todo y que estaba dispuesta a declarar.

—¿Y después?

—Después dejó de responder.

—¿Dónde está ahora?

Ortega negó lentamente con la cabeza.

—No lo sabemos.

En