El sheriff disparó a mi hijo y se rio… pero no sabía quién era realmente su padre

pantalla mientras Ortega la observaba por encima de mi hombro.

—¿Quién te está enviando esto? —preguntó.

—No lo sé.

—¿Has respondido?

—Todavía no.

Ortega sacó su teléfono.

—No borres nada.

Quiero que nuestro equipo preserve los mensajes y documente la cadena de custodia.

Asentí.

Diecisiete años atrás habría hecho las cosas de otra manera. Habría buscado a Elena por mi cuenta, habría seguido cada matrícula y cada sombra hasta encontrar respuestas.

Pero ahora no estaba en una operación militar.

Era un padre intentando proteger a su hijo.

Y si quería